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Leyenda de Amancay

Hace muchos, muchos años, en una tribu mapuche, una joven pareja se enamoró. Fuerte Quintral y la bella Amancay vivían un esplendoroso amor, pero de pronto una misteriosa enfermedad lo marchitaba, día tras día.

Amancay, desesperada por ver a su amor al borde de la muerte, acudió a consultar a un famoso curandero de la región, quien, tras mucha insistencia, le contó el secreto para salvar la vida de Quintral.

Era necesario hacer té con una flor rara, que solo crecía en las cimas de las montañas heladas, donde ni el guerrero más valiente se atrevería a escalar. Pero el amor de Amancay le dio más coraje que un ejército y la llenó de fuerza y esperanza.

La joven enamorada corrió hacia la cascada y comenzó su ascenso al pico más alto. El sudor, incluso en el intenso frío, se mezclaba con sus lágrimas. Recordó los besos de su amado y le pidió al cielo que no lo dejara ir.

Finalmente Amancay llegó a la cima de la montaña y encontró la flor descrita por el curandero: tallos verdes largos y delgados, pétalos de un amarillo vibrante. Casi tan vibrante como la sonrisa de Amancay mientras arrancaba la flor.

Sin embargo, antes de que pudiera celebrar su logro, apareció un cóndor gigante que le dijo con voz aterradora:

“¿Qué crees que estás haciendo en mi territorio?” ¿Quién te dio permiso para llevarte mi flor?

Amancay sintió un escalofrío en la espalda, pero recordó lo enfermo que estaba Quintral, se armó de valor nuevamente y le contestó al gran pájaro:

— ¡Ave majestuosa, te saludo! Estoy tomando esta flor para hacer té, con el fin de salvar la vida de mi amado prometido.

El Cóndor sintió celos por no tener a alguien que lo quisiera tanto, este sentimiento lo consumió rápidamente, convirtiéndose en odio hacia la joven enamorada, y entonces respondió:

“Te permitiré tomar la flor, pero tendrás que darme tu corazón a cambio. Si amas tanto a tu prometido, no lo dudes.

Amancay, indignada por la petición, pero con gran temor de perder a Quintral, entregó su corazón al Cóndor. El gran pájaro le arrancó el corazón con sus fuertes garras y empujó su cuerpo montaña abajo. En sus dulces manos, la joven sostenía la flor que salvaría la vida de su amado.

Su cuerpo, ya sin vida, cayó a la cascada y nunca más fue encontrado. Quintral, sin té, sucumbió a la misteriosa enfermedad. Todo el pueblo lamentó la muerte de la joven pareja de enamorados.

Pero, después de unos meses, al borde de la cascada nacieron hermosas flores que nadie conocía: tenían tallos largos y delgados de color verde, con pétalos amarillos vibrantes y pequeñas manchas rojas.

El jefe del pueblo mapuche entendió que se trataba de la misteriosa flor descrita por el curandero, ahora manchada con la sangre de Amancay, quien la había acercado a ellos, para que nadie más sufriera la ira del maligno Cóndor.

La leyenda de Amancay y Quintral es triste al principio, pero nos muestra que el verdadero amor es capaz de grandes sacrificios, y que aun en la muerte, logra llevar esperanza a quienes son alcanzados por él.